domingo, 26 de septiembre de 2010

Fiestas de Bacares en honor al Santísimo Cristo del Bosque 2010: Pregón de Fiestas por Antonio Sevillano






Bacareños y visitantes, amigas y amigos. Salud.

Como de agradecido es ser bien nacido, mis primeras palabras tienen que ser necesariamente de agradecimiento al Ayuntamiento de Bacares, a sus concejales, en la persona de su alcalde, José Segura, que me han distinguido con el honor de ser este año pregonero de las fiestas cívicas y religiosas del Santísimo Cristo del Bosque.

Gracias por permitirme ser tornavoz gozoso y emocionado de las fiestas de mi pueblo. Porque aunque nacido en la capital, me siento un hijo más de la auténtica "Perla de los Filabres". Bacareño y a mucha honra. Descendiente de uno de aquellos castellanos viejos que vinieron a repoblarla tras el trágico desenlace de las revueltas moriscas del Almanzora que culminaron con su expulsión en la segunda mitad del siglo XVI. Los sucesos se narran en las "Relaciones" romanceadas de cada 14 de septiembre. En la tarde en que el Patrón de la Villa es portado en andas hasta la ermita del Bosque, lugar donde la leyenda afirma que la hermosa talla del nazareno crucificado fue depositada por el hermano Ramos:

Ortega, Plómez, Gallego,
Villalpando, Sevillano ...

Si los primeros recuerdos de Antonio Machado eran los de un patio sevillano cuajado de naranjos y azahar, los de este pregonero que les habla son de Bacares, del cortijo de la Rafaicón donde a temprana edad pasaba los veranos con mis abuelos paternos, con el irrepetible Tío Rafael Niche. Ahí comencé a amar la cuna de mis mayores. Ahí transcurrió mi biografía más feliz en contacto con la naturaleza limpia; asilvestrado y libre a imagen de nuestra ilustre paisana Carmen de Burgos "Colombine" en su niñez del valle de Rodalquilar. Ahí gocé entre parvas y trillas de la era vecina al Camposanto; con la vista puesta en la lejanía del Valle del Almanzora y la Sierra de las Estancias. Y en el tramo del río donde mana su agua fresquita la Fuente Choto, la fundición en ruinas de la marquesa de Bacares. Ferrería de donde se surtió la Catedral de verjas y herrajes.

Al romper de día, con el canto de los gallos, el paisaje que se mostraba ante un niño de cemento y asfalto era deslumbrante. Bellísimo y luminoso como el sin par cielo desde cuyos altos calares la ciencia astronómica penetra en los confines del universo.

Permítanme ahora un ejercicio de memoria incompleta. Como si de una secuencia cinematográfica se tratara, la cámara indica la panorámica en la risca de los Castillones, rematada con los restos de una atalaya nazarita, para seguir el abanico por las Retamas, El Rincón y La Icará, en la que guardaron la imagen del Santo Cristo antes de su destrucción. La Cuesta de la Reina, El Bosque y la Eralta, donde mi tía Consuelo aparceaba bancales ajenos. El Cerro de Nimas poblado de carrascas, punto geodésico que a finales del siglo XIX nos puso en contacto telegráfico con el Norte de África. La Cumbre, La Umbría y los Prados Altos. El Conjuro y El Calvario. El Secanillo y Toril Bajo, donde medio aprendí a nadar en sus pozancos. El Carrascal y la casa grande de El Cortijuelo. De minas preñadas de hierro, sudor y lágrimas. De mineros alumbrándose con carburos y cantando fandangos.

Ya estamos aquí, capataz,
los de Bacares y de Vera,
descalcicos hemos llegao,
mándelos usté lo que quiera
que somos hombres bragaos

Bacares es de los tres ríos y tres barrios. Bacares de la Fuente Grande y San Juan. Del horno de Enmedio, horno de pan cocer donde mi abuela Isabel amasaba los jueves. De la torre y la iglesia techada de teja y pared de frontón. De la posada del siglo XVIII y la Casona donde el obispo de Portocarrero dictó testamento. Y la Banda de Música "Anacrusa", bajo la batuta del maestro Zaguirre. Y el Castillo recién restaurado por la Junta de Andalucía, declarado Bien de Interés Cultural. Un castillo de paz y no de guerra. Porque los habitantes de Bacares son gente pacífica, laboriosa y hospitalaria. Un castillo que acogió a sufíes y a místicos, a poetas y pensadores. Un lugar de convivencia entre culturas y credos diferentes.

Y naturalmente el mes de septiembre que nos convoca a todos. A los hijos del pueblo y a los hijos de la devoción al Santísimo Cristo del Bosque venidos desde los cuatro puntos cardinales. Un icono sacro que junto al Cristo de la Luz de Dalías es , sin duda, el más venerado de la geografía almeriense. Unas fiestas de reencuentro con los hijos de la diáspora. De tronar de cohetes, bulla y algarabía. De promesas y votos. De turrón y churros, de fritá de conejo y jamón. De vino con mesura.

Este agradecido pregonero debe concluir y lo hace felicitando a los muchos hombres y mujeres que trabajan desde la administración autonómica, provincial y local por un pueblo mejor, por un Bacares cada día más próspero a pesar de la crisis que nos ha golpeado. Pero déjenme que hoy, desde la emoción, eche de menos en esta Plaza Mayor a mis padres y a mi hermano.

Sean felices y disfruten, que para sufrir siempre hay tiempo.

¡Viva Bacares!
¡Viva el Santísimo Cristo del Bosque!

Antonio Sevillano Miralles
Historiador e hijo de Bacares

Septiembre 2010

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